Venerable Délia Tétreault:
La mujer que abrazó el mundo entero
Delia Tetreault nació el 4 de febrero de 1895 en Marieville, Quebec (Canada). Desde el comienzo, su vida ha estado marcada por el misterio de la fragilidad. Delia llegó a este mundo con un hermano gemelo que, desgraciadamente falleció pocos meses después de su nacimiento. Solamente dos años más tarde murió también su mama y la tristeza volvió a visitar a la familia. A pesar de estas pérdidas precoces y de su frágil salud, Delia poseía un espíritu indestructible.
Aunque nunca quitó físicamente su tierra natal, su corazón universal la llevó a fundar el primer instituto misionero de las Américas: las Hermanas Misioneras de la Inmaculada Concepción (MIC).


La semilla de un sueño misionero
Huérfana de madre a la edad de dos años, Delia fue adoptada por su tía y su tío quienes le ofrecieron un hogar profundamente cristiano y lleno de afecto. Es en la buhardilla de esta casa que la pequeña Delia descubre, en los periódicos de la Propagación de la Fe y de la Santa Infancia, historias de las misiones. Estas lecturas encendieron en ella una llama que no se apagará jamás.
Alrededor de los 10 años, Delia tuvo un sueño profético: vio un inmenso campo de trigo y de pronto, las espigas se transformaron en rostros de niños de todas las naciones. Ella comprendió enseguida que estos rostros representaban a los niños de países no evangelizados. Delia fue impactada por este sueño que contara 50 años más tarde.
Búsqueda y fundación
En su juventud, Delia experimentaba una fuerte atracción por la vida religiosa. Ella sentía que Dios la quería toda para El. Posiblemente su frágil salud le cerró las puertas del Carmelo. Más tarde, estará dos meses como postulante en las Hermanas de la Caridad de St-Hyacinthe. Estas pruebas, sin embargo, no hacen sino purificar su vocación y confirmar que Dios tenia otro proyecto para ella.


Después de años de discernimiento y de constante oración, su sueño misionero se hace realidad. Con la bendición de la Iglesia a través de la aprobación del Papa Pio X el Instituto fue fundado oficialmente. Después de haber pronunciado sus votos, Delia toma el nombre de Madre Maria del Espíritu Santo reflejando su deseo de ser totalmente dócil a la acción divina como Maria.
Espiritualidad: un canto de acción de gracias
La vida interior de Madre Delia puede resumirse en una actitud constante de agradecimiento. Su espiritualidad está profundamente enraizada en la gratitud, viviendo su vida cotidiana como un Largo Magnificat. A través de sus escritos y de las numerosas cartas dirigidas a sus hermanas, ella insiste siempre en el hecho de que ellas deben ser mujeres animadas por este espíritu de acción de gracias. Delia les recuerda sin cesar: “Que el agradecimiento llene su vida, que la desborde. Es el primer fin de nuestro Instituto: agradecer a Dios por aquellos que no le agradecen y luego como testimonio de nuestra gratitud, darle almas, hacerlo conocer por todos los pueblos”.


Una herencia que perdura
Madre Delia parte para la casa del Padre el 1 de octubre de 1941 en Montreal dejando a su paso una floreciente familia misionera dispersa a través de Asia, Africa, América. El 18 de diciembre de 1997, el papa Juan Pablo II reconoció la naturaleza heroica de sus virtudes y la declaró Venerable.
Hoy su causa de beatificación continúa sostenida por las oraciones y los favores otorgados a aquellos que solicitan su intercesión. Su vida sigue invitándonos a hacernos esta pregunta: ¿Cómo podemos ser misioneros de alegría y de esperanza en nuestra propia realidad?
