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Un sueño hecho realidad

Hito 1: El sueño del campo de trigo (El Origen Emotivo)

A los 11 años, en Marieville (Canadá), Délia Tétreault tuvo una experiencia mística que marcaría el destino de miles de vidas: contempló un inmenso campo de trigo dorado donde cada espiga se transformaba milagrosamente en el rostro de un niño de una cultura diferente. Comprendió de inmediato que esos niños esperaban conocer el amor de Dios. Aunque conventos tradicionales la rechazaron debido a su frágil salud, su fe inquebrantable no se apagó. Aquel vívido sueño de la infancia se convirtió en el motor de una obra de alcance global.

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Hito 2: La audacia de 1902 y el florecimiento en Canadá

Contra todo pronóstico, en 1902, Délia fundó una pequeña escuela apostólica en Côte-des-Neiges, Montreal, con solo tres compañeras y escasos recursos. Era el nacimiento del primer instituto misionero de las Américas. El reconocimiento definitivo llegó en 1904 de una forma providencial. Al presentar este humilde proyecto en Roma, el Papa Pío X exclamó con entusiasmo visionario: «¡Funde, funde, Excelencia!... Se llamarán las Misioneras de la Inmaculada Concepción».

Mientras el fuego misionero se preparaba para cruzar fronteras, Délia multiplicaba las iniciativas en tierras canadienses para despertar la conciencia laical:

  • Creación de la Asociación de Damas Auxiliares de las MIC.

  • Organización de retiros cerrados para mujeres y jóvenes.

  • Contribución clave en la fundación del Seminario de Misiones Extranjeras.

  • Servicio de acogida y pastoral para los inmigrantes chinos en Canadá.

Hito 3: El tiempo del crecimiento y las misiones en Asia (1909)

“El tronco se alarga y se ramifica, una savia generosa lo inunda y vivifica; las numerosas ramas estallan en brotes, anunciando el florecer de un nuevo horizonte.”

El carácter universal de la congregación se consolidó el 8 de septiembre de 1909, cuando un primer grupo de seis jóvenes profesas partió rumbo a Cantón, China. En una época donde cruzar los océanos implicaba largas e inciertas travesías en barco, partir significaba despedirse para siempre. Al llegar, asumieron con valentía la apertura de cunas para bebés abandonados, orfanatos y escuelas.

En octubre de 1913, se les confió la leprosería de Shek Lung, en la isla de Santa María. Las hermanas enfermeras se entregaron en cuerpo y alma a curar las terribles heridas de las pacientes y ganar su confianza a fuerza de ternura, recibiendo del gobierno apenas cinco centavos al día por persona. Durante casi medio siglo, abrieron dispensarios, hospitales psiquiátricos y centros de formación para religiosas autóctonas.

El tiempo de las tormentas y la resistencia

“Las tormentas azotan sin piedad ni clemencia; el tronco vigoroso resiste con vehemencia, pero las ramas, por el viento doblegadas, lloran las hojas que han sido arrebatadas.”

Entre 1911 y 1914, la revolución china trajo inseguridad y tiroteos constantes cerca de la casa de las hermanas. En junio de 1918, una pavorosa inundación azotó la leprosería. Las crónicas de las hermanas reflejan su inquebrantable espíritu: «El agua sube sin parar. Hemos tenido que alojar a los pacientes en nuestra propia casa... Nos alegramos incluso de compartir nuestro techo con los más desheredados de este mundo».

Tras décadas de guerras y cambios políticos, el nuevo régimen expulsó a los misioneros extranjeros. Con profundo dolor, las misiones MIC —a excepción de la hermana de origen chino, Sor Lucia Ho— tuvieron que abandonar esa amada tierra en 1953, expandiendo su semilla hacia nuevos países.

Hito 4: La prensa misionera y el legado eterno de Délia

Délia Tétreault fue también pionera en los medios de comunicación. En 1920, lanzó la revista Le Précurseur (El Precursor). En los sótanos de la Casa Madre, las mismas hermanas se convirtieron en fotógrafas, tipógrafas e impresoras, entendiendo que la prensa era la clave para contagiar el ardor misionero.

Debido a su frágil salud, la Madre Délia nunca pudo cumplir su gran sueño de viajar a visitar sus misiones. Sus últimos años estuvieron marcados por el misterio del sufrimiento; tras una congestión cerebral, quedó paralizada y sin habla. Soportó ocho años de enfermedad con total serenidad. El 25 de enero de 1939, al ser relevada de su cargo como Superiora General, colocó su mano sobre su sucesora y pronunció claramente: «Estoy muy contenta».

El 1 de octubre de 1941, la Madre Délia se apagaba en paz en Montreal. El periódico La Patrie le rindió homenaje con un titular histórico: «Una santa acaba de morir, dejando una obra inmensa»

Como el grano de trigo que cae en tierra para dar fruto, la partida de la Madre Délia transformó su legado en una siembra inagotable. La historia del Instituto no se detuvo en aquella habitación de Montreal; se expandió con más fuerza por el mundo. El árbol que ella plantó ha seguido extendiendo sus ramas a través de nuevas nacionalidades, realidades y ministerios. Hoy, el fuego original permanece intacto: somos una congregación viva que camina con los pies en el presente y la mirada en el futuro, escribiendo día a día la continuación de un sueño que no tiene fronteras.

©2026  Les Sœurs Missionnaires de l'Immaculée-Conception

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